A CUADROS.
Es cierto que cuando se llega a la adolescencia, se sufre una metamorfosis cruel, tanto física como psíquica. Una etapa estúpida y muy burra, que muchos dirán que fue encantadora. Pero que si cada uno analiza bien le daría por quemar cualquier foto, cinta de cassette, o prenda de vestir.
Me gustan las camisas a cuadros. Es una realidad y es inamovible. Siempre que tengo una imagen de mi es vistiendo una camisa a cuadros escoceses y roja.
De donde viene ese gusto? pues de la adolescencia. Y no es porque viví cierta etapa en pleno auge del grunge. Todo me viene por una película.

Contaba yo los 13 años cuando vi "El club de los cinco". Una película considerada de culto dirigida por John Hugues en 1985. Una sinopsis simple: cinco chavales son castigados un sábado en el instituto por diferentes razones. Los 5 responden a arquetipos diferentes en el típico instituto yanky. Se ven obligados a interactuar y descubren que son algo más que esos clichés que se les imponen o autoimponen.
Bien... no hay más. Una trama pueril pero encantadora. En mi efervescente adolescencia me marcó cosa mala. Teníamos a la pija, al deportista, al empollón, a la rara y al rebelde John Bender. Como me gustaba John Bender!!!! Esas greñas, esa chulería, esa manera de molestar a todo el mundo y esa... camisa de cuadros!!! Intenté vestirme como él y comportarme como él.
Por qué? Pues porque evidentemente yo no era nada como él, pero es lo que tiene la adolescencia necesitas un disfraz y una personalidad para destacar de entre los demás.
Recuerdo que me sabía casi todos los diálogos y que hasta dramatizaba con mi hermana. El más común era:
-Qué zorra eres!!!
-Por qué?! Por qué digo la verdad? Por eso soy una zorra?
-No! Porque sabes que es una faena horrible hacerle eso a alguien y porque no tienes pelotas para dar la cara por tus amigos y decir que te cae bien quien a ti te da la gana!!!!!

Aaaaah que recuerdos!!! Precisamente la película logró el efecto contrario en mi al deseado por el director; me dediqué a etiquetar a todo bicho viviente.
Es obvio que por mucho que fuera por la vida intentando comportarme como ese personaje no lo conseguía, por que ni me drogaba ni follaba, ni me peleaba, ni me echaban nunca de clase. Solo era un gafapasta que vestía siempre con camisas a cuadros, chaqueta tejana, guantes de lana con los dedos cortados e intentaba llevar el pelo largo el mayor tiempo posible hasta que mis progenitores me obligaban a ir al peluquero de una santa vez.
La película vista ahora, me parece tontita, pero solo pegarle un vistazo de vez en cuando disfruto tanto como un gay viendo "The Rocky Horror Picture Show".
Ahora ya solo me queda mi erizada de vello cuando escucho su bada sonora, el "Don't you" de los Simple Minds.
Eso y... mis camisas a cuadros.